lunes, 7 de abril de 2014

Las 200 de Cinemanía: 103 – OLDBOY (2003). Park Chank-wook 


..y me vas a cortar el pelo bien ¿verdad?
A Freud le habría encantado. Ya aviso de que voy a marcarme un sonoro y notorio spoiler, por lo que si alguien no la ha visto pero quiere verla y no desea que le revienten el final, le sugiero que deje de leer aquí y ahora.

¿Sí? ¿Sigues leyendo? Bien, luego no digas que no te advertí. Decía que a Freud le hubiera encantado: un niño bien que se tira a su hermana planea durante años una muy sofisticada venganza que, muy resumida, conduce a que el tipo al que él considera responsable del suicidio de aquella acabe tirándose a su propia hija sin que ninguno de los dos, por supuesto, sepan el lazo que les une… hasta la escena final en la que acaba revelándoselo y empujándole con ello a la inevitable locura. Lo dicho, muy freudiano todo. Más allá de este retorcido e inverosímil argumento con algunas zonas grises, bastante poco consistentes; lo que nos encontramos es una muy particular puesta en escena, arriesgada siempre y acertada la mayor parte del tiempo y una glorificación de la violencia gratuita muy del gusto de cierto público. No tengo nada en contra de ello pero siempre me ha rechinado que la violencia por la violencia pueda suponer un valor añadido para cualquier film y, por supuesto, me irrita sobremanera ese ¿argumento? de que el mundo es así. Bueno, no sé en qué mundos vive esta gente pero en el mío no pasan cosas ni siquiera parecidas a ésta. El resultado final de este supuesto clásico moderno es, por tanto, una película tan valiente y efectista como eficaz en lo formal y mucho más vacía de lo que pretende, hasta resultar algo enfermiza, en lo argumental. Así que se puede ver como un glorioso entretenimiento y como un notable ejercicio estético, que no es poco, pero tampoco conviene tomársela mucho más en serio porque puede acabar uno en un diván reconociéndole al psicólogo de turno que siempre quiso tirarse a su hermana. Eso, o haciendo cine...




UN INVIERNO EN LA PLAYA (2013). Josh Boone

Venga, papá, confiesa: tú también eres fan de Stephen King
Hace bastante tiempo, mi tía, que es una de las personas que conozco que más sabe de cine y sobre todo, que más sabe hablar de cine, me decía que, en el fondo, todas las historias ya están contadas porque, si uno lo reduce a lo esencial, la mayoría no pasan del "chico-conoce-a-chica". Y que lo que hace vulgares a unas películas y obras maestras a otras, es la forma de contarlo. Digo todo esto porque en Un invierno en la playa no hay nada que no hayamos visto ya en multitud de ocasiones. La trama discurre por los cauces convencionales del género, los finales de las distintas tramas se intuyen casi desde su planteamiento, los diálogos circunvalan temas manidos (creo que en EEUU es obligatorio preguntar en tu primera cita por tu libro favorito si tienes menos de 25 años casi tanto como llevar pajarita al baile de graduación) y hasta los traumas que asolan a sus protagonistas tienen el insulso sabor de la comida recalentada. Y sin embargo, todo junto no deja de tener bastante encanto. La historia guarda coherencia, es honesta consigo misma, no pretende ser más de lo que es. Y el hecho de que muestre a 3 personajes de 3 edades distintas en 3 momentos vitales diferentes y, por tanto, con 3 visiones muy contrarias de lo que suponen las relaciones de pareja y el hecho de estar enamorado, funciona bastante bien como metáfora de nuestra propia evolución individual en este tema. Del extraviado apasionamiento y la intensidad adolescente al sufrido desencanto adulto. Por otra parte, el hecho de que el protagonista sea escritor y haya legado esa pasión/enfermedad a sus hijos no pasa de ser algo completamente accesorio. La película habría funcionado igual de haber sido fontanero o profesor de química. En definitiva, que lo predecible no ha de ser, necesariamente, nocivo. De hecho, en ocasiones, puede ser tan reconfortante como volver a casa y encontrárselo todo exactamente como lo dejamos. Decíamos ayer...




Las 200 de Cinemanía: 104 – TORO SALVAJE (1980). Martin Scorsese

El de los calzones rojos dice que peleas como una mujerzuela
A ver cómo digo esto sin que suene rematadamente mal, incluso a mí mismo: me esperaba más de Toro salvaje. Y ahora es cuando evito un linchamiento verbal explicándome. Puede que el problema fuese que esperaba una obra maestra absoluta, sin fisuras. Una de esas pelis que uno recuerda siempre, hasta cuando no está pensando en cine. Que Scorsese sea, probablemente, mi director favorito de cuantos aún están en activo y que Toro salvaje fuese la única gran película suya que me quedaba por ver, siendo, además, considerada unánimemente como una de sus mejores obras, justifican estas desmedidas expectativas. Y es cierto que estamos ante una gran película. Pero en ningún momento tuve la sensación de estar viendo esa supuesta obra maestra. El guión me parece sólido, eficaz y Scorsese le saca partido de la misma manera, con una dirección rocosa y sin impurezas. Perfecta. Pero también sin esos destellos de absoluto genio que ha acumulado a lo largo de su filmografía. Y también es cierto que tenemos al De Niro de sus mejores días y al mejor Joe Pesci que recuerdo y ahí se sustenta mucho del valor de esta película. Pero también es cierto que tengo la sensación de que la brutal y demoledora historia de Jake LaMotta daba para todavía más. Sobre todo porque, de lo que en realidad nos habla Toro salvaje es de ese dramático impulso autodestructivo tan humano como inevitable, de esa máxima tan universal e inmortal que anida en cada uno de nosotros y de la que Oscar Wilde dio cuenta mejor que nadie cuando hablaba de nuestra capacidad “para ser nuestro propio demonio y hacer de este mundo nuestro propio infierno”. Podía haber sido una de las 10 mejores pelis de la historia y "sólo" se ha quedado en una gran, enorme, película. ¿Me he explicado?


p.d.: En el puesto #106 de "Las 200 de Cinemanía", está Terminator 2, esperando su turno a continuación de Terminator. En el #105 está Grease, que me viene perfecta para hacer una aclaración que es también declaración: odio los musicales. Lo siento, no los soporto. Por eso mismo, desde que empecé el repaso de las 200 mejores pelis de la historia según Cinemanía, tuve claro que las únicas que me iba a saltar eran los musicales. De ahí que Grease no esté comentada, de la misma manera que el resto de musicales que están por debajo del #125 no lo han estado ni los que están por encima lo van a estar. No puedo y no quiero.

0 comentarios:

Publicar un comentario