lunes, 31 de marzo de 2014

BLUE JASMINE (2013). Woody Allen

¿De verdad esta es tu casa? ¿Y dónde duerme la criada?
Tan cierto como que Woody Allen parece que ya no volverá a ser el que fue en los '80, cuando firmó casi media docena de títulos memorables, es que algunas de sus últimas películas parecen haber recuperado cierto toque tras el despropósito de principios de siglo. Pero nunca, desde aquel inspirado Allen que con Annie Hall (probablemente su primera gran película) inauguraba una filmografía extraordinaria y encima creaba un estilo propio de contar historias, hasta el Allen que se vendía a las oficinas de turismo de Barcelona, Londres, París y demás; en todo ese tiempo decía, nunca vimos a un Allen tan poco enamorado de sus personajes como en esta película. Ese esnobismo, esa pijería, ese elitismo que en otras películas sólo era el contexto en el que desarrollar sus neuras, aquí es el objeto de un insólito y afiladísimo desprecio. Porque no es que se le hayan ocurrido unos cuantos chistes ingeniosos al respecto, tipo Desmontando a Harry, no. Ni siquiera se ha tomado la molestia de ridiculizarlo a la simplona manera de Bananas, tampoco. Simplemente ha puesto la cámara a funcionar y ha gravado con la frialdad y el distanciamiento de un reportero la caída al abismo de uno de sus personajes más odiosos y repelentes. Y aquí hacemos un parón, que hay que hablar de Cate Blanchett. Está simplemente brutal, espectacular, haciendo todo un alarde interpretativo, repleto de matices, en el papel de esta pija venida a menos que ve como su mundo de glamour se desmorona y tiene que bajar al barro, a mezclarse con aquellos a los que, por otra parte, no sólo despreció desde su atalaya, que ya sería grave; también permitió que los saquearan, "miró para otro lado". En definitiva, que no es el mejor Allen, desde luego, pero sí el Allen más ácido y desagradable que recuerdo. Puede que, porque en el fondo, el asunto no tenga ni puta gracia.




Las 200 de Cinemanía: 107 – RÉQUIEM POR UN SUEÑO (2000). Darren Aronofsky

-Cariño, creo que nos hemos pasado con la nutella. -Sí
Nada más acabar de verla por primera vez es fácil que uno tenga la sensación de que le ha pasado un tráiler por encima. Es el inevitable efecto provocado por una espectacular, original, efectista y sobre todo arrolladora puesta en escena. Bueno, de todo eso y además de una extraordinaria banda sonora, probablemente una de las mejores de lo que va de siglo. Pero más allá de todo esto, cuando se reposa, la sensación que queda es que lo extraordinario no lo es tanto. Que sí, que es una gran película… pero con demasiados fuegos de artificio tras los que se esconde, de forma algo aparatosa, una historia que es al mismo tiempo tan demoledora como sencilla: el descenso a los infiernos de cuatro seres que nunca entendieron que, como decía John Lennon, la vida era lo que nos sucedía mientras hacíamos planes para otras cosas. Y así, ya sea a través de la heroína o de los concursos de la tele, van dilapidando su presente en busca de un futuro mejor al que están condenados a no llegar. Y ese futuro puede ser una tienda de moda o a ponerte un vestido dos tallas más pequeño. Da igual porque en realidad lo que cuenta es tener una fantasía que vivir para no tener que vivir la pesadilla real en la que de verdad están sumidos. Y esa, y no otra, será su condena.




EL JUEGO DE ENDER – Gavin Hood (2013)

Lo siento, Énder, pero hoy juega Diego López
Leí el libro hace más de 10 años, recomendado por un amigo fan de la ciencia-ficción y que me lo "vendió" como un auténtico hito de la literatura de este género de la que, reconozco, he sido siempre un profano. De aquella lectura me quedaron más sensaciones que recuerdos precisos. Sí, recordaba que había un chaval, un adolescente, al que llevaban a una escuela de adiestramiento militar donde le formaban para convertirle en el infalible líder de una flota que habría de defender la Tierra de algo que tantos años después no recordaba con precisión. Suponía que unos alienígenas malvadísimos y violentísimos. Pero sobre todo recordaba lo amena y entretenida que me había resultado toda la parte de la formación. La descripción de las batallas de escuadras en la "sala de batallas" era de lo más precisa y ligera. Muy, muy divertidas. Incluso el relato de las tácticas utilizadas para desempeñarse en las batallas resultaba tremendamente gráfico y descriptivo. Pues bien, todo eso que me había cautivado del libro y que tan buen sabor de boca me había dejado, se ha esfumado al llevar la novela de Scott-Card a imágenes. Se pasa de puntillas sobre todos estos aspectos, de hecho, la sensación que me ha dado es la de apresuramiento, la de querer meterlo todo en menos de dos horas, como si más que contar una historia, quisieran solventarla. Todo es demasiado precipitado, demasiado injustificado. De un aspecto de la historia se pasa al siguiente sin casi tiempo para comprenderlo. Y el caso es que no deja de resultarme curioso que sea así ya que la moda narrativa actual es justo la contraria (sino, que se lo digan a los guionistas de The walking dead... por ejemplo), es decir, expandir la narración hasta lo saturante. Ni siquiera un reparto adulto de verdadero lujo, con Harrison Ford y Ben Kingsley a la cabeza, logran salvar el asunto (Indy parece estar actuando pensando más en lo que va a hacer con el cheque que en la película). En su haber, eso sí, pondremos que la factura técnica es impecable, que ese futuro que nos dibujan, resulta totalmente creíble aún pareciéndonos el futuro. En definitiva, que ha sido una pequeña decepción y aunque no soy muy fan de la frase, sólo puedo acabar diciendo "el libro era mejor"




CAPITÁN AMÉRICA: EL SOLDADO DE INVIERNO – Anthony & Joe Russo (2014)

¿Aún falta 6 minutos para el próximo metro? Odio NYC...
Sucede a menudo, en el cine moderno, que tras el estruendo y los fuegos de artificio de los espectaculares efectos digitales suele esconderse la nadería, la insustancialidad de una ausencia total de ideas para contar una historia minimamente decente. No es el caso. Apoyada en el hilo argumental que hace unos años desarrollara Ed Brubaker en la imprescindible saga de El soldado de invierno, esta segunda película del Capi tiene varias capas, superpuestas todas ellas, que consiguen que disfrutes no sólo de un buen espectáculo de "luz y color", también de una historia que a menudo flirtea con mensajes subliminares de lo más subversivo. Y creo que este esfuerzo de Marvel por contar una buena historia, además de hacer una buena peli, tiene mucho que ver con la particular naturaleza del héroe en cuestión. Y es que el Capitán América es, casi con toda seguridad, el cómic peor interpretado de todos los cómics de superhéroes, curiosamente por gente que probablemente no hayan abierto un cómic del Capi en su vida. Pero como estos profanos sí van a las salas de cine, y esto, al fin y al cabo, va de vender entradas, en Marvel debieron de decidir que, agotada la vía de situar al Capi en la "última guerra justa", frente al villano por definición de la historia de la humanidad, tocaba enseñarle al gran público que este patriota yanqui lo es no de su país, ni siquiera de su bandera, sino de unos ideales que están por encima, incluso, de su propio gobierno. Y si para ello tiene que convertirse en fugitivo, lo hará sin pestañear. Y es en este aspecto, el del héroe acorralado, puesto contra las cuerdas y sin casi amigos a los que recurrir y todo ello por no traicionar aquello en lo que de verdad cree y por lo que luchó, donde la película enriquece notablemente unas, por otra parte, espectaculares escenas de combate.



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