Las 200 de Cinemanía: 108 – EL
CLUB DE LOS POETAS MUERTOS (1989). Peter Weir
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| Y ésta, niños, es la postura ideal para cagar en el campo |
Lo reconozco: yo también fui de los que me emocioné y puede
que hasta se me metiese algo en el ojo cuando en la escena final un imberbe
Ethan Hawke se sube a su pupitre y hace que un cabizbajo y apocado
Robin Williams se vuelva al grito de “¡Oh, capitán, mi capitán!”. Me encontraba
por entonces en ese difuso territorio que marca el final de la pubertad y el
principio de la adolescencia así que la tormenta emocional era, más que un
síntoma, una forma de vida. Pero el tiempo fue pasando y mi espíritu
serenándose (¡gracias a Dios!) y, en paralelo, fue creciendo mi repelús por
Robin Williams. Su expresión de santurrón relamido dispuesto a poner todas las
mejillas que hiciesen falta me resultaba cada vez más insufrible, hasta el
punto de acabar en el Panteón de los actores que podían impedir, por sí solos, que viese una película suya (el trono siempre fue de Jim Carrey). Por eso,
volver a este rancio colegio de Nueva Inglaterra fue todo un desafío. Ya no era
un adolescente vulnerable y, por otro lado, reconozco que me daba algo de pena
que el mito se me cayese (debí de ver la película unas seis o siete veces
entonces pero hacía más de 15 años que la había visto por última vez). Al final
la cosa acabó en tablas. Ni era la extraordinaria, romántica y muy cursi
historia sobre espíritus inquietos y rebeldes que recordaba, pero tampoco la versión
cinematográfica de uno de esos horrorosos libros de autoayuda a lo Jorge Bucay.
Y aunque me seguía sobrando Robin Williams, me pareció un buen trato.

RÍO
LOBO (1970). Howard Hawks
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| -¿Me estás soplando en la oreja? - Lo siento, no puedo evitarlo |
En 1970 Howard Hawks firmaba la que iba a ser su última
película. Su legado da escalofríos: desde la Alta Comedia (La fiera de mi niña)
al cine negro más puro (Tener y no tener o El sueño
eterno) pasando por el más puro y divertido cine de aventuras (Hatari!).
Y por supuesto, el Western, el género que es todos los géneros. Firmó Río
Rojo y luego hizo otro río, éste bravo, y le quedó tan perfecta, tan
inmortal, que la repitió con otros actores y otro título pero la misma historia
y la llamó El dorado, y le quedó igual de bien que su hermana
mayor. Con éste su último río, el Río Lobo, Hawks parecía estar
despidiéndose, poniendo en ella una especie de highlights de su
carrera. Como si, a falta del reconocimiento que se había llevado el genio
Ford, él mismo se hubiese encargado de autohomenajearse. Llamó al actor que
nació cowboy y del que John Ford dijo después de ver en Río Rojo que no "sabía que este hijo de puta supiese actuar", recogió todos
los códigos del género y los puso en una película cuyo final (que no desvelaré,
para no spoilear), no es sólo un guiño a su obra maestra, Río Bravo y al mito del tiroteo en O.K. Corral; también y sobre todo, lo es al Western
mismo. Poco importa que al final acabe siendo un film menor no ya dentro del
género, sino de la filmografía del propio Hawks. Total, cualquier Western
mediocre es mejor que casi cualquier otra película que puedas ver. Y para entonces Hawks ya
había cumplido, con creces, su parte del trato.

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