FRANNY
& ZOOEY – J.D. Salinger
 |
| Soy tan molón que duermo con corbata |
Si alguna vez tuviese que elegir un libro
para explicar la diferencia entre fondo y forma en literatura es muy
probable que eligiese éste. Tan maravillosamente bien escrito como lo puede
estar su gran Obra Maestra (El guardián entre el centeno, durante años mi libro favorito, aún hoy un top10
clarísimo), la narración de Salinger fluye con la mayor naturalidad posible, de
hecho parece poseer una especie de armoniosa musicalidad que la vuelve irresistible. En
ese sentido, Salinger me sigue pareciendo un maestro, una referencia, pocos
como él consiguen llegar a la genialidad desde la sencillez. Y sin embargo, este Franny & Zooey me ha dejado una sensación agridulce. Los dos personajes principales que dan título a la novela están estupendamente perfilados, tanto como absolutamente insoportables resultan; tan
ridículamente esnobs que lo único que te dan ganas es de estar dentro del libro
para abofetearles. Lo que en el inolvidable Holden Caulfield era simpatía y
hasta empatía por alguien cuyo único delito es no ser capaz de encontrar su sitio en el mundo, aquí es hastío, saturación. Desapego. Por otro lado, el trasfondo religioso
de la trama tampoco favorece. Parece ser que Salinger se volvió bastante fan de
ciertas religiones y filosofías orientales y aquí hace todo un despliegue de
conocimiento del tema lo que, si no te interesa lo más mínimo, como es mi caso, termina por sacarte de la
historia. Resumiendo, que si bien en la forma, en Franny & Zooey aún
conservaba el "toque", en el fondo, Salinger parecía haber perdido
pie.
SPIDERMAN
– La saga del Clon
 |
| El "Lost" de los cómics |
En 1995 Marvel andaba lejos de ser el gigante
editorial y cinematográfico que es hoy día. Las ventas habían caído y empezaba
a detectarse cierta saturación entre los fans. En el caso de Spiderman más aún
pues, después de 30 años en el mercado, no había
sufrido ninguna transformación esencial, nadie había sido capaz de reinventar el mito del hombre-araña, cosa que si había sucedido, por ejemplo, con Daredevil (Born again) o
Batman (El regreso del Caballero Oscuro). Así que las mentes pensantes de la
editorial decidieron que había que dar un golpe de efecto memorable a la serie.
Matar a uno de sus personajes principales era una opción (ya había funcionado
con Gwen Stacy) pero no era suficiente. Matar a Peter Parker era otra opción pero
después de la memorable Última cacería de Kraven nadie se iba a creer que un
adiós de Peter Parker fuese definitivo. Fue entonces cuando decidieron recuperar una
vieja historia de los años '70 en la que el Chacal, uno de los archienemigos
seculares del trepamuros, usaba el ADN de Peter para crear un clon suyo ¿Uno?
Eso parecía. Y aunque la historia acababa con el clon arrojado a los fuegos de
una chimenea industrial cualquiera que haya leído más de 5 cómics en su vida
sabe que la muerte en el mundo de las viñetas es tan definitiva como los
propósitos de Año Nuevo de cualquiera de nosotros. Así que la opción final fue traer al clon de vuelta...
y que él tomase los lanzarredes, retirando de la vida pública a un felizmente
casado Peter Parker que además iba a ser padre. No contentos con eso decidieron
que dos personajes tan icónicos como Tía May y el Doctor Octopus falleciesen.
Durante 18 números la trama se fue enmarañando hasta convertirse en un
auténtico despropósito, una huida hacia adelante (simbolizada en ese engendro
de número que fue el #61 de Spiderman, en el que Peter y Ben Reilly peleaban
codo con codo contra decenas de clones suyos mientras otro clon más, éste de
Gwen Stacy, miraba los toros desde la barrera) que, curiosamente, disparó las
ventas, aunque sólo fuese por el morbo de comprobar el guarrazo que los
guionistas llevaban camino de darse. El resultado fue tan catastrófico que casi veinte
años después nombrarle la Saga del Clon a un fan de Spiderman es como nombrarle
La amenaza fantasma a uno de Star wars o Tenerife a un madridista.
Por suerte, todo volvió a su cauce... al menos por un tiempo.
0 comentarios:
Publicar un comentario