lunes, 21 de abril de 2014

Las 200 de Cinemanía: 101 – TIBURÓN (1975). Steven Spielberg


Tiradle un palo al "bicho" y que me deje dormir...

Spielberg ya había avisado 4 años antes, con esa pequeña joya que es El diablo sobre ruedas: sabía cómo manejar las emociones del espectador y someterle a la más despiadada angustia. Y para ello le había bastado con una carretera, un camión y, lo más aterrador de todo, ningún motivo. El espectador, al igual que le pasaba al horrorizado Dennis Weaver, no llegaba nunca a entender porque le estaba pasando todo aquello. Pues bien, a todo esto le dio una vuelta de tuerca más cuando decidió que un tiburón de proporciones jurásicas aterrorizaría a un pequeño pueblo costero repleto de bañistas. La genialidad de Spielberg en esta cinta es tal que hasta que uno no la ha visto varias veces no repara en que el tiburón, como tal, tarda casi hora y media en aparecer en pantalla. Pero para entonces el espectador está totalmente poseído por la angustia, por el más puro horror de una amenaza tan imprecisa como letal. Spielberg se ha metido en nuestra cabeza sin que nos demos cuenta y ha cambiado cuatro cositas de sitio y ha obrado el milagro. Hay películas que subvierten los códigos del género, de esas Spielberg tiene alguna, Salvar al soldado Ryan quizá constituya su mayor logro en este aspecto. Otras incluso cambian la historia del cine, como Spielberg hizo cuando decidió utilizar la animación por ordenador en Parque Jurásico. Y luego están las que cambian hasta tu forma de desenvolverte en la vida. Y en este apartado que levante la mano quién no haya pensado en Tiburón cualquier día, a mitad de un baño en cualquier mar, y no haya sentido un cosquilleo en el estómago imaginando que, de repente, una aleta se desliza sigilosamente junto a él mientras suena la aterradora y sugestiva melodía de John Williams. Pues todo esto se lo debemos al amigo Steven, probablemente el último gran genio que ha dado la historia del cine.



LOBEZNO INMORTAL (2013). James Mangold

El que antes parpadee pierde. Y no vale hacer cosquillas con las cuchillas
A propósito de Capitán América: el soldado de invierno, polemizaba el otro día con mi hermano sobre quién era el mejor superhéroe de Marvel. O mejor dicho, quién es el personaje sobre el que mejores historias se han contado. La polémica dio para mucho pero en lo que los dos estuvimos de acuerdo era en que Lobezno era, casi con toda seguridad, al que menos partido habían sabido sacar. Las razones, Marvel sabrá. Aunque me da mí que algo de miedo y algo de puritanismo hay a la hora de tratar a un personaje que, no nos engañemos, no tiene nada de infantil, casi ni de juvenil. Y si sucede esto en el cómic, que siempre maneja unos márgenes de libertad creativa mayores que el cine, que podemos esperar de esta saga de películas sobre el más oscuro y ambiguo de todos los superhéroes marvelitas. Pues poco más que lo que encontramos en esta película: unas buenas dosis de peleas bien coreografiadas (mucho mérito lograr reinventar la clásica pelea en el techo de un tren a estas alturas con la espectacular escena a bordo de ese TGV), una profundidad psicológica de los personajes algo rudimentaria, escaso conflicto moral para la naturaleza del personaje y poco más. Bueno, en su haber habrá que apuntar un par de aciertos, como experimentar con la naturaleza mortal del personaje (¿qué pasaría si Lobezno no se pudiese regenerar? Más allá de que tendría que aprender a pelear...) y un comienzo bastante prometedor que, poco a poco, sin embargo, se da desvaneciendo hacia un final previsible incluso en su supuesto último giro de guión. Y eso es todo para un Lobezno del que habrá que empezar a pensar que, al menos en el cine, funciona mejor como secundario (la saga de X-Men así parece demostrarlo), que como personaje en solitario. Por cierto, ¿se atreverán a incluirlo en la próxima alineación de Los Vengadores? Es una baza interesante pero sólo si se están dispuestos a arriesgar con él. Si no, mejor que le dejen en el banquillo, esperando su Miller o su Brubaker de turno que de verdad le conduzca a la inmortalidad prometida en el título.



0 comentarios:

Publicar un comentario