lunes, 14 de abril de 2014

Las 200 de Cinemanía: 102 - LOST IN TRANSLATION (2003). Sofia Coppola

Buscando las diferencias entre Bill Murray y su muñeco de cera
Voy a hacer una excepción y voy a escribir esta reseña antes de saber lo que pienso de esta película. Quizás así acabe descubriéndolo. Porque lo cierto es que la vi hace ya unos cuantos días y aún no sé qué pensar. Puede que se deba a cierta falta de contundencia en la propuesta. Y es que ¿cuál es la apuesta de Lost in translation? ¿A qué quiere jugar? Pues a primera vista se hace difícil precisar. Veamos: es una puesta en escena cuidadísima, de eso no cabe duda; una estética muy precisa y detallista, con algunas imágenes, puntuales, realmente bellas. Pero no arriesga más allá de eso. Es más el truco de un mago de feria que verdadera Magia. ¿Las interpretaciones? Una duda antes de proseguir: ¿Bill Murray está realmente interpretando? Porque estoy casi, casi seguro de que en esta peli Bill Murray hacía… de Bill Murray. Desde luego, si es una interpretación real, es de 10. Y ya pueden ir avisando al Gran Bill de que el rodaje ha terminado, que puede abandonar el papel, qué también da la sensación de que lleva 10 años encerrado en él. En cuanto a Scarlett Johansson sólo decir que me parece que está en absoluta onda con la peli, esto es, contenida, como si en cualquier momento fuese a romper en algo mucho mayor y al final se quedase sólo en la promesa. Y con esto creo que acabo de dar en el clavo de lo que me ha parecido Lost in translation. Hay un par de momentos, quizá tres, en que la película está a punto de tomar la deriva de un enorme film, de romper en una gran obra sobre la soledad, más bien sobre la incomunicación, pero termina quedándose a medio camino de ello, que no es poco. Por eso deja un regustillo amargo. Como todas las grandes promesas que se acaban cumpliendo sólo a medias.




3 BODAS DE MÁS – Javier Ruiz Caldera (2013)

¿Y eso? ¿Será el móvil o es que se alegra de verme?
Su mayor virtud es, al mismo tiempo, su mayor defecto, esto es, su absoluta falta de pretensiones, de aspiraciones. Virtud porque al no intentar ser más de lo que realmente es, no cae en esa oscura zona del ridículo que a menudo sacude a las películas, más bien a los directores, con delirios de grandeza. Pero decía que también es su mayor defecto porque instalada en esa "zona de confort", la película resulta absolutamente previsible, carente de verdadera ingenio. Partiendo de que la premisa no deja de ser una versión cañí y supuestamente paródica de ese mítico exitazo británico que fue 4 bodas y un funeral y que sus personajes son, en su mayoría arquetipos, clichés caricaturescos; la gracia que pudiera llegar a tener iba a residir en el valor que le echasen a la hora de plantear los chistes. Pero aquí también parecen querer nadar haciendo pie, quedándose a medio camino del esperpento almodovariano, de la escatología de la factoría-Apatow o del tumulto berlangiano. Sí, hay apuntes, trazos de todo eso, pero sin ninguna profundidad. En cuanto al reparto, muchísimo más acertado el femenino con una estupenda Inma Cuesta y una sorprendente Rossy de Palma; que el masculino donde Paco León "naufraga" como surfero vasco, donde Quim Gutiérrez vuelve a hacer una versión más de Quim Gutiérrez y donde solamente se salva, y tampoco es que sea Marlon Brando, un Berto Romero bastante repulsivo. Bueno, él y ese trasunto de Cristiano Ronaldo que aparece en la primera media hora. En definitiva, que a una comedia pretendidamente graciosa hay que pedirle que te arranque algo más que media docena de sonrisas de medio lado. Creo yo.



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