jueves, 12 de febrero de 2015

La propuesta del día: 

Las 200 de Cinemanía: 84 - THE ARTIST (2011). Michel Hazanavicius.


Es norma que en los acalorados y sesudos debates sobre la ínfima calidad de la mayoría de productos televisivos y de un porcentaje preocupante de productos cinematográficos, alguien esgrima el dudoso argumento de "esto es una industria y se hace lo que el público demanda". En otras palabras, no se producen obras mejores porque el público medio, semianalfabeto él, no está preparado para ello. Pero claro, entonces aparece un parisino, con nombre de vieja gloria madridista y apellido de compulsivo anotador lituano, y le da la vuelta al argumento y deja, de un plumazo, al comentarista antes referido con el culo el aire. Y es que nadie como los franceses para ser los últimos garantes de la otrora gloriosa cultura europea ¿verdad?

En 2011 a Michel Hazanavicius se le ocurrió estrenar una película en blanco y negro... y muda. Una apuesta tan loca que cuesta creer que no usase algún tipo de sustancia psicotrópica para convencer a a los productores que iban a poner el dinero. Y sin embargo el resultado final fue tan espectacular que el argumento con el que iniciaba este comentario salta por los aires hecho añicos. Porque The artist no sólo convenció a la crítica más exigente. También llenó cines y cines de ese público palurdo que no sabe distinguir el caviar del foie gras. Qué curioso.

Les invitamos a nuestro túnel del tiempo...
Puede que en este insólito y abrumador éxito tuviese mucho que ver que The artist es, básicamente, una excelente, una sobresaliente película. Más allá del formato elegido (color o blanco y negro; sonora o muda), estamos hablando de una preciosa y conmovedora historia de amor y de respeto. Pero no sólo entre dos personas, qué también. Es, sobre todo, de amor y respeto a lo que uno hace, en este caso, el Cine. Mezclando escenas realmente cómicas con momentos altamente emotivos (ay, esa Bérénice Bejo bailando con la chaqueta del gran George Valentin...), pasando por otras cargadas de un precioso simbolismo, como esa en que la emergente Peppy Miller se cruza con el propio George en unas escaleras que sirven para explicar sin palabras cuales son sus trayectorias vitales; Hazanavicius rinde también un conmovedor tributo a aquellos irrepetibles cómicos que en los albores del Cine elevaron la pantomima, la bufonada, a la categoría de Arte. Hablo de los Chaplin o Keaton sobre todo. Al primero también le adeuda algo esta historia de un exitoso cómico que ve desmoronarse su mundo con la llegada del cine sonoro. ¿O no es este George Valentin un poco el Calvero de Candilejas pero veinte años más joven?

En definitiva, que si en 1992 Clint Eastwood finiquitaba el más prolífico y grandioso de todos los géneros, el Western, con su inmortal Sin perdón; Hazanavicius, en 2011, convierte su tributo al cine mudo en la última Obra Maestra de una forma de hacer cine ya perdida. Y todo con el aplauso del público. Grandioso.


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Otros propuestas: 


CRUCE DE CAMINOS (2012). Derek Cianfrance


¿Sabes que con ese pelo pareces Javi, de Verano azul?
Difícil, muy difícil comentar esta película sin destripar la sorpresa que encierran sus dos desconcertantes puntos de giro. Sirva decir, si acaso, que los derroteros que parece tomar la película en su inicio no son para nada los que luego va a llevar y que la historia que nos están contando en su primera media hora, cuarenta y cinco minutos quizá, con tintes de drama en los límites de la sociedad, pronto toma una deriva absolutamente insospechada hacia el thriller. Esto, en sí mismo, no es bueno ni malo. Es una opción más. El problema en el caso de este Cruce de caminos (brillante título, por cierto), es que pasado este punto, curiosamente cuando más necesario se haría, la historia pierde fuerza y cae en los caminos de cierta obviedad, de cierta previsibilidad, lo que provoca que acabe resultando menos interesante de lo que pueda llegar a parecer en su inicio. Por eso, cuando llega ese segundo punto de giro, ya mucho más forzado, no hace sino ahondar en esta sensación. Así, al final, el producto que queda es un más que aceptable thriller y una promesa no del todo satisfecha, que cada uno elija si le compensa o no. Eso sí, las Goslingliebers, que las hay, están de enhorabuena, pues nunca el hierático Ryan fue más chungo y más tierno al mismo tiempo que aquí.


A SCANNER DARKLY (2006). Richard Linklater

Qué queréis que os diga, prefiero la armadura de Iron Man
Es muy probable que nadie considere a Linklater uno de los mejores directores vivos pero lo que no se le puede negar es su arrojo para correr los riesgos más insospechados, desde pasarse doce años grabando la misma película a, como es el caso, apostar por adaptar una novela de Philip K. Dick con la muy poco amable técnica del rotoscopio, esto es, convertir una escena rodada con actores de carne y hueso en algo parecido a una de animación. Pues bien, si al hablar de Boyhood decía que el mérito de ésta era haber sabido ir más allá (mucho más allá en realidad) de su original punto de partida, en el caso de A scanner darkly no queda claro si esa innovación (que no lo es tanto, algo parecido usó el propio Linklater en Walking life, cinco años antes) es un valor añadido o si por el contrario es una distracción que resta interés al conjunto. En mi caso sucedió esto último, de forma que tampoco llegué nunca a entrar del todo en esta historia de policías y yonquis donde nada es lo que parece. No sabría precisar si esta ausencia de empatía con sus personajes se debe a la ya mencionada distracción que provoca su original puesta en escena, a cierta falta de pulso dramático en la narración o a la indolencia y la poca intensidad con la que los Keanu Reeves, Robert Downey Jr. o Woody Harrelson se pasean durante toda la película. El caso es que sin decir que perdí el tiempo, tengo la sensación de haber visto algo totalmente prescindible.



BEGINNERS (2010). Mike Mills

¡Qué la protectora de animales calle a este tío!
Vaya por delante que Beginners no me parece una mala película, al contrario, no tiene un defecto notable que reseñar. Pero hay en ella una falta de pasión, una contención emocional con la que me cuesta mucho empatizar. Y no es que sus personajes no resulten absolutamente creíbles y que las situaciones que plantea, por cotidianas, no resulten identificables pero lo cierto es que no me llegó nunca a importar demasiado lo que les pasase a estos náufragos de la vida. No sabría decir si, como comentaba un poco más arriba, es esto un fallo de guión, de dirección o de interpretación (de esto último dudo mucho pues me parece que el trío protagonista está absolutamente convincente dentro de su ya mencionada contención). Pero también puede ser una apuesta estética de Mike Mills, muy respetable en ese caso, aunque no la comparta. Pensándolo bien, creo que en realidad es esto último lo que sucede con Beginners y que el problema es mio y de mi sangre latina, que no entiende el drama sin el exceso. Y es que están locos estos nórdicos...

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