jueves, 5 de febrero de 2015

La propuesta del día: 

COHERENCE (2013). James Ward Byrkit


Debajo de ese Gran Paraguas que es el cine de Ciencia-ficción, habitan diversas corrientes, tendencias, subgéneros... que cada uno le ponga la etiqueta que quiera. Así, nos encontramos con futuros megatecnologizados, fábulas espaciales, distopías apocalípticas, etc... Pero también existen películas de difícil catalogación porque juegan en varias ligas a la vez. Es el caso de Coherence, que tiene algo de thriller psicológico pero también de retorcido juego de las leyes de la Física. Y supongo que a los espectadores más sesudos les podrá parecer hasta una metáfora perfecta sobre la identidad, sobre quienes somos en realidad y, lo más importante, porque somos quienes somos. Pero bueno, ya digo que esto último sólo para los más sesudos.

Venga, cariño, termínate el postre y te dejo
ir a jugar a otro universo paralelo
Coherence tiene algo, mucho, de esos thriller de bajo coste que en su momento hicieron las delicias de crítica y del público más gafapasta. Hablo de películas como Pí, Cube o Memento, por nombrar las más famosas (en realidad las primeras que me han venido a la cabeza). Esa premisa inverosímil que provoca un desconcierto, casi estupefacción compartido a partes iguales por protagonistas y espectador; ese pulso narrativo que dosifica con cierta habilidad los golpes de efecto de manera que uno nunca termina de relajarse; esa estética del cine más independiente, con planos cortos y subjetivos... para a partir de aquí ir construyendo un cada vez más claustrofóbico ambiente en el que los personajes parece atrapados en algo un poco más complejo que un "simple" problema de Schrödinger.

Seguramente no sea la mejor película de 2013, de hecho estando Gravity es probable que ni siquiera sea la mejor película de ciencia-ficción del año pero me parece una película más que recomendable, necesaria y dado el poco cartel que ha tenido, es fácil que acabe pasando por debajo del radar. Y eso sería una pena ¿verdad? Ah, se me olvidaba, también pertenece a ese tipo de películas que se resumen en: se recomiendan pero no se cuenta nada del argumento. La sorpresa es lo que cuenta.


_________________  o _________________

Otros propuestas: 


CAPITÁN PHILLIPS (2013). Paul Greengrass


Me vas a decir a quien llevas en el Supermanager
 o mi colega va a empezar a disparar
Voy a empezar contando una anécdota que me parece muy reveladora. Cuando me puse a ver Capitán Phillips había olvidado que el director era Paul Greengrass, Sin embargo, a mitad de película, más o menos, no podía dejar de acordarme de United 93. Había algo en el manejo de los tiempos del suspense en Capitán Phillips que me recordaba constantemente a la estupendísima historia del vuelo que se había estrellado en Pensilvania el 11-S. Lo más curioso es que temáticamente no guardan relación alguna, más allá de estar basadas en un hecho real. Pero la historia no acaba aquí porque cuando iba a empezar este comentario volví a recordar cuanto se me parecía este Capitán Phillips al United 93 de Paul Greengrass... olvidando de nuevo que éste era el director de ambas. Y es que, como decía antes, hay algo bastante inclasificable en las dos películas que definitivamente las conecta, al menos en mi cabeza. Puede que sea eso que decía antes, el manejo de los códigos, de los tiempos del suspense, de como la amenaza de lo que todo el rato parece que está a punto de suceder es mucho más asfixiante que la certeza de lo que ya está ocurriendo. En este sentido, Greengrass se me revela como un maestro en el arte de meterse en la cabeza del espectador y mover las piezas a su antojo para conseguir generar una continúa y extenuante sensación de ansiedad, al mismo tiempo que un ambiente claustrofóbico que poco tiene que ver con los espacios cerrados y sí mucho con situaciones verdaderamente kafkianas. Así que el resultado final sólo puede ser un magnífico y sorprendente thriller donde lo de de menos es como termina porque para entonces, lo único que quieres es que termine. Así de agotador resulta.


VOLCANO (1997). Mick Jackson


Pedir unas pizzas que esto está casi totalmente medio hecho
Al igual que si ves Armageddon resulta imposible que dos días después no estés deseando volver a ver Deep impact, es muy complicado resistirse a la tentación de ver Volcano si un par de noches antes has estado en Dante's peak. Y si ves ambas lo que resulta casi imposible es no comentarlas, estableciendo una comparación entre ellas. Así que veamos. Volcano, estrenada un año más tarde, parte de una premisa más insólita aún que su hermana mayor, a saber, un supuesto ¿volcán? ¿fuga de lava? bajo el suelo de Los Angeles, lo que provoca una catástrofe de unas dimensiones bíblicas frente a las más "llevaderas" causadas en el pequeño pueblo montañero de Linda Hamilton. Y como en este caso de lo que se trata es de entretener pues qué hay más entretenido que una Pompeya moderna. Minipunto para Volcano, que también gana si hablamos de reparto. No es que Tommy Lee Jones esté en el papel de su vida pero siempre, siempre, será mejor que Pierce Brosnan. Anne Heche y Don Cheadle rematan la goleada. Lo de elegir entre la subtrama amorosa científico viudo con alcaldesa soltera o la más dramática padre divorciado excesivamente entregado a su trabajo con hija adolescente problemática ya queda al gusto del espectador. Personalmente creo que, en este caso, entorpece mucho menos esta última y está algo más justificada. Quizás en lo único que Dante's peak resulta, sino mejor, al menos si más creíble, es en su desenlace. Y eso que escapar de un volcán con un jeep es algo que sólo está al alcance de James Bond pero claro, preparar la demolición de un edificio en 20 minutos, que todo salga bien y que sólo con eso consigas derrotar a la Madre Naturaleza es pedirle demasiado incluso al espectador medio de estas películas ¿verdad?


APOLO XIII (1995). Ron Howard

De cuando los Galácticos vestían trajes espaciales
Hubo un tiempo en que los astronautas eran auténticas rockstars y en los que la carrera espacial era algo así como la Champions League. Los niños soñaban con ser Neil Armstrong igual que hoy anhelan parecerse a Cristiano Ronaldo o a Pau Gasol. Y es de este tiempo olvidado y aquí sí vale lo de mejor, y de sus héroes menos reconocidos del que esta superproducción, con Ron Howard a los mandos de la nave pero con la superestrella del momento, Tom Hanks, como principal reclamo, nos habla. Si antes decía que Greengrass es un maestro en el arte de generar ambientes claustrofóbicos y sensaciones próximas a la ansiedad; lo mismo vale ahora con Ron Howard y su a veces desmedido dramatismo. Cierto que en ocasiones se le puede acusar de caer en una especie de trágica grandilocuencia pero también es cierto que a menudo sabe que teclas tocar para generar las emociones que persigue de una manera más o menos honesta. En Apolo XIII hay más de estos brillantes momentos que de los primeros, que también hay alguno, y por eso el resultado final es una emotiva historia cuya principal lección es que hay veces en que los elementos ponen todo de su parte para que no logremos alcanzar nuestro sueño más íntimo (un auténtico bazinga! en el rostro de los Bucay y Coelho del mundo). Pero no nos engañemos porque, más allá de lecciones vitales más o menos obvias, Apolo XIII es, por encima de todo, un gran producto de entretenimiento que además deja para el recuerdo una de esas míticas frases que de cuando en cuando nos regala el cine y que acaban convertidas en parte de nuestro hablar cotidiana. Porque seamos sinceros, a quien no se le ha estropeado el ordenador de repente, por ejemplo, y lo primero que le ha salido es un "oh, oh. Houston, tenemos un problema"

0 comentarios:

Publicar un comentario