Las
200 de Cinemanía: 99 – REBECA (1940). Alfred Hitchcock
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| Menos mal que tu ex se va en ese platillo volante, cariño |
En 1940, un
Hitchcock recién llegado a Hollywood (ya era todo un director de prestigio en
Reino Unido y eso le había valido la llamada de la NBA del cine) estrenaba sus
primeras películas
americanas: Enviado especial y este claustrofóbico drama
ambientado, curiosamente, en la costa de Inglaterra y que es, como casi todas
las grandes obras de Hitchcock, una adaptación de una novela, en este caso de
Daphne du Maurier. La premisa, como sucede casi siempre con el cine del orondo
británico, no puede ser más sencilla, a saber, una joven de clase media se casa
con un viudo aristócrata británico y se va a vivir a su mansión de la costa,
donde deberá lidiar con el recuerdo de la anterior esposa de su marido, la
Rebeca que da título a la novela, al libro… y que no sale ni una vez en toda la
película. Nada. Ni un fotograma, ni una línea de diálogo. Ignoro cómo será en
el libro porque no lo he leído. En el film me parece una absoluta genialidad
lograr convertir a alguien que no sale en la película en una presencia tan
poderosa. Porque ese es, básicamente, el nudo gordiano de Rebeca: la asfixiante
presencia de alguien que ya no está. Se deja sentir en cada plano desde el
mismo momento en que la joven esposa llega a la casa y todo, todos, la hacen
sentir que está allí usurpando un lugar que no es suyo. Es a partir de ese
momento cuando el ambiente se va cargando más y más y, como decía al principio,
se acaba volviendo claustrofóbico, insoportablemente opresivo. A partir de aquí
se hace difícil seguir comentando la película sin mencionar el sorprendente
giro de guión de la última media hora. Quizá baste decir que es una buena
muestra de lo que habría de ser una constante en el cine de Hitchcock, esto es,
la habilidad para poner al espectador de parte del ¿villano? Y es que, al fin y
al cabo y como el propio Alfred dijo, el punto de vista lo es todo. ¿Verdad,
Rebeca?

20
AÑOS NO IMPORTAN (2013). David Moreau
 |
| -Querido, tienes el móvil mal colocado. -Para nada. |
La
comedia romántica francesa es al cine algo así como el fish & chips inglés
a la cocina, algo a lo que es difícil encontrarle el punto salvo que seas
autóctono. Bueno, en general, el sentido del humor francés es algo que siempre se me
ha resistido bastante (de la cocina inglesa ni hablamos). Por eso era bastante
escéptico al respecto de lo que podía encontrarme aquí, tanto que ni siquiera
recuerdo bien en qué momento y porqué pensé que podía ser buena idea
arriesgarme con una nueva comedia francesa que ni siquiera venía precedida de grandes críticas. Supongo que tendría que ver con su peculiar premisa, a saber, una
mujer al borde de los 40 vive una aventura amorosa con un joven que acaba de
cumplir los 20. Por lo menos ofrecía algo ligeramente distinto al estándar de joven pareja separada por algún peregrino motivo supera todos los obstáculos para estar juntos de nuevo porque el amor siempre vence. Pero ya digo, que todo con mucho escepticismo. El resultado final, sin embargo,
logró sorprenderme. Más emparentada con la comedia romántica americana que con
la desconcertante comedia francesa, tiene además ese punto de ser capaz de
reírse de algunos de los peores clichés del cine dramático galo (lo de la jovencita en busca de su identidad sexual que acabe liándose con el hombre adulto de turno ya atufa, queridos vecinos). Así que estamos ante una película que, aunque resulta perfectamente olvidable, no engaña y propone noventa minutos
de sano entretenimiento. Y luego, después de todo esto, está Virgine Efira,
desde ya y por muchos años, la auténtica MILF del cine francés, como así se
autoproclama en una divertida escena en la revista donde trabaja su personaje. Lo
mejor de la película es ella. Su arrebatadora y sexual presencia es, a ratos,
tan poderosa que uno entiende perfectamente a ese imberbe Pierre Niney
(bastante aceptable, por otra parte) perdiendo la cabeza y lo que haga falta por su amor, que diría
el ¿bolero?

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