lunes, 12 de mayo de 2014

Las 200 de Cinemanía: 98 – BROKEBACK MOUNTAIN (2005). Ang Lee

-Con estos sombreros no vamos a poder comernos los morros...
Impecable. Delicada. Elegante. Perfectamente dirigida. Magistralmente interpretada, sobre todo por ese eterno Joker que es Heath Ledger. Y sin embargo… fría. Fría como meter los pies desnudos en uno de esos ríos de agua helada que atraviesan la montaña que da título a esta historia. Así que todo lo bueno de esta película ya está dicho. Es cierto que trata el tema de la homosexualidad, en sus múltiples vertientes (el descubrimiento, la represión, el miedo…), con una elegancia tan llena de credibilidad como de intensidad. Y es cierto que no se deja vencer por ninguna de las previsibles tentaciones, de los más habituales defectos de este tipo de películas: no cae en el morbo de reducirlo todo a una serie de encuentros sexuales poco justificados, no recurre a la violenta crudeza de alguna de sus hermanas mayores, como Boys don’t cry. Ni siquiera peca de mojigata. Pero para mí tiene un defecto considerable que lastra el resultado final un tanto: no logra, en ningún momento, que empatices con este par de vaqueros condenados de por vida a esconderse, no logra que te emocione nada de lo que los sucede (y de lo que no les sucede) y asistes a su via crucis como uno asiste a una sesión de fotos de unas vacaciones que no son las suyas en un sitio en el que nunca estuvo. He pensado a que puede deberse esta carencia y no logro detectarlo del todo y al final he concluido que, quizá, sea la consecuencia indirecta de todas sus virtudes. Tan perfecta que no conmueve. ¿Es eso posible?





LOS JUEGOS DEL HAMBRE: EN LLAMAS (2013). Francis Lawrence (2013)

-¿Creéis que le puedo acertar desde aquí al tío de vestuario?
Paradigma de todos los vicios y virtudes que adornan las nuevas tendencias narrativas del cine post-Harry Potter, sobre todo el derivado de sagas literarias cuyo público potencial es más bien adolescente o post-adolescente. En este sentido, tanto formal como temáticamente, esta saga de Los juegos del hambre no deja de ser un pastiche, eficazmente mezclado, eso sí, de influencias heredadas de otras historias. Así, por ejemplo, tenemos ese futuro distópico que tanto debe al 1984 de Orwell, o esa lucha por la supervivencia presentada como juego de niños que puede encontrar a su hermano mayor en El señor de las moscas, de Golding. Todo esto aderezado con una estética victoriana-futurista de lo más curiosa. Tiene también su punto de oportunismo, pues ese subtexto político, que apenas se han molestado en camuflar, tiene una fácil interpretación en este mundo occidental de crisis económica y de pérdida de fe en las instituciones. Pero más allá de todo esto, decía al principio que esta película era paradigma de bondades y defectos que nos dejó el mago gafotas y que, quizá, la mayor de ellas, sea ese gusto por dilatar la acción hasta límites arriesgados, tanto como el abrir tramas que han de permanecer abiertas para posteriores episodios. Y es que ir al cine a ver una sola película, parece estar cada vez más lejos y la continuidad entre films es la nueva gallina de los huevos de oro, que asegura a los estudios un mínimo de taquilla para la siguiente producción. Ah, me he puesto tan sesudo que casi se me olvida hablar de la peli: primera hora algo pesada, lenta pero que sirve para que el estruendo de la última hora final resuene con más fuerza. Entretenimiento puro y duro (o como diría mi querido amigo Urko, muy buena mierda), que ya es. Pero no conviene tomársela mucho más en serio.



8 APELLIDOS VASCOS (2014). Emilio Martínez Lázaro

-¡Euskadi tiene un color especiaaaaal...!
El fenómeno cinematográfico patrio del año. Después de esto ya sólo me queda terminar de ver Breaking bad para poder reincorporarme a la vida en sociedad y tener contacto con otros seres humanos... porque en los dos últimos meses parecía que no podías hablar de cine con nadie si no se nombraba esta amable y exitosa comedia. Por suerte, el escepticismo con el que hace tiempo vivo cualquier éxito del cine español evitó que al ponerme frente a la pantalla, las expectativas fuesen desmesuradas. Sí, tenía curiosidad por ver a Dani Rovira, a quien descubrí haciendo monólogos y con el que me mondé de risa en su espectáculo ¿Quieres salir conmigo?. Pero más allá de eso lo cierto es que no esperaba encontrarme más que lo que al final ha resultado ser: una entretenida y pasable comedia en la que el humor reside más en la sucesión de gags que en un planteamiento de base realmente cómico. Todo se sustenta en las estupendas interpretaciones del propio Rovira y de Karra Elejalde y, por supuesto, en ese caricaturesco retrato de dos pueblos tan particulares como distintos entre sí, esto es, el andaluz y el vasco. Es a partir de ese "choque cultural" de donde surge el humor pero hasta en eso, en ocasiones peca de falta de mala leche, de buenismo y se acaba echando de menos un poco más de esa agudísima acidez que tenían algunos de los mejores momentos de Vaya semanita y que lograban llevar la broma mucho más al límite de lo políticamente correcto. Más allá de eso la película no tiene nada nuevo que ofrecer. Bueno, sí, unos paisajes de la costa vasca realmente espectaculares, aunque tampoco sé si esto es muy nuevo. En definitiva, que pese a su rotundo éxito, no creo que estemos más que ante una de esas comedias decentes que de vez en cuando salpican nuestra producción, por lo que habrá que concluir que quizás uno de sus mayores aciertos ha sido el oportunismo: la película perfecta en el momento adecuado.



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