JACK
RYAN: OPERACIÓN SOMBRA (2014). Kenneth Branagh
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| ¿Está Putin? Qué se ponga. Se va a enterar este yanqui... |
Un muy prometedor comienzo me
hizo pensar que podía estar ante la típica peli de espías... pero mejor. A
menudo, más de lo que debería, este género, como casi todo el que entronca de
alguna manera con los muy complejos conflictos de la política internacional suelen flaquear por esa tendencia tan
hollywodiense (creo que en realidad es un vicio de la sociedad nortemearicana)
de personificar el Mal en alguien en concreto, esa necesidad de que el Terror
sea una cara visible, alguien a quien perseguir, cazar y con ello, eliminar la Amenaza. Pero no. Pronto, casi en el momento en que hace su aparición Keira
Knightley (otro de los vicios más comunes de las superproducciones es esa manía
con tener que meter la historia de amor aunque sea con calzador, y eso que en
esta ocasión está bastante mejor integrada en la trama de lo que suele ser
norma), me di cuenta de que en realidad estaba ante la típica peli de espías...
y ya: un Héroe, en este caso el trasunto empollón de Jason Bourne: un villano
con un perfil psicológico más bien plano, por no decir inexistente y una trama
que por un momento amenaza con ser una explosiva mezcla entre Syriana y
cualquiera de estos filmes sobre la crisis económica que han aflorado en los
últimos años, al estilo Margin call, pero que pronto se despeña por los cauces
más convencionales del género hasta regalarnos un insulso y previsible final.
En definitiva, nada que no hayamos visto antes y nada que vayamos a recordar
mucho tiempo. Pero hay noches que esto es todo lo que apetece ¿verdad?

POMPEYA (2014). Paul W.S. Anderson
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| Mira que dejarme el abrigo en Invernalia... |
A veces, y sólo a veces, uno
se encuentra productos cinematográficos tan descaradamente bochornosos que sólo
te queda sonreír, ponerte de pie y aplaudir el arrojo y la desfachatez de
director, guionista, actores... No debe der ser fácil hacer algo tan mal y luego salir a la calle como si nada. Bueno,
no es fácil salvo que seas concejal del PP. En el caso que nos ocupa, esta
desquiciada revisión de la historia de Pompeya, lo que nos encontramos es una
mezcla no ya de géneros, sino de referencias cinéfilas de distinto pelaje. De
la historia de amor imposible ¿con final trágico? de Titanic a las
megadestrucciones catastrofistas del cine de Roland Emmerich pasando por los gloriosos combates a espada y escudo de Gladiator (al menos se agradece que
hayan desechado la idea de copiar algo de 300...). Y todo esto, por
supuesto, sin poner el menor atisbo de amor en ello, sin la menor preocupación
por cual será el resultado final. Así, la historia de amor, amistad y venganza
resulta tan previsible como insulsa. La puesta en escena no supera un sketch de La hora chanante y cuando por fin llega la muerte y destrucción,
uno ya no sabe si ha entrado en erupción un volcán, si los japos que iban a
bombardear Pearl Harbor se han desviado de la ruta o si los polos se
derritieron en el 79 d.C. y a Pompeya se la llevó por delante un tsunami antes
de ser enterrada bajo toneladas de lava. Como colofón al despropósito una
anécdota: nunca había visto partir por la mitad tantas espadas y menos en
situaciones tan inverosímiles. En definitiva un supuesto espectáculo de luz y
color... y ya. Esta vez, hasta el envoltorio era feo.

ROBOCOP (2014). José
Padilha
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| Lo de las piernas vale ¿pero por qué tengo un aspirador en la cabeza? |
Hay muchas razones para hacer
un remake de algún clásico cinematográfico. Bueno, muchas no, pero sí varias. Y
tampoco hace falta que sea un clásico en el sentido estricto de la palabra,
basta con tener la intuición de que puedes sacarle algo de partido a una historia ya contada. A lo que voy, que uno puede
querer hacer su propia versión de cualquier película por el motivo que sea.
Hasta ahí, bien. El problema, creo yo, viene cuando esa revisión se vuelve
absolutamente prescindible porque no aporta nada nuevo, no inventa nada que no
estuviese ya en el original. Y sí, habéis acertado, esto es lo que pasa con
este "Robocop 2.0", que no es mala... pero ya la hemos visto.
Cualquier virtud que tenga ya estaba en el clásico, éste sí, de 1987 que
dirigió Paul Verhoeven. Pierde un poco de chispa, de ingenio, como si el
director no terminase de tener claro a qué carta apostar, si cine de autor o puro y duro blockbuster.
Brilla, eso sí, por su notable reparto, en el que destacaría, muy a mi pesar, a
Michael Keaton interpretando a ese trasunto militar de Steve Jobs y, por
supuesto, al siempre inquietante Jackie Earle Haley (curiosamente los dos
actores de más renombre, Samuel L. Jackson y Gary Oldman, pasan un poco de
puntillas por la película, como sin querer molestar). Por lo demás, lo dicho,
nada nuevo. La historia es previsible, en parte por obvia y en parte por
sabida, y el supuesto clímax final bastante más soft que el mítico de Verhoeven. No tendrás la sensación de haber
perdido el tiempo pero necesario, necesario... no era.

GODZILLA (2014). Gareth Edwards
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| Godzilla, cabeza de lista por los Verdes |
Comentando más arriba, el remake de Robocop hablaba de lo poco necesarios, de lo intrascendentes que se vuelven
algunas de estas revisiones, bien sea por el empeño en ser fiel al original, bien por
pereza, bien por falta de imaginación. No es el caso que nos ocupa. Es ésta una
revisión de la mítica historia de este monstruo japonés considerablemente mejor,
por ejemplo, que la de Roland Emmerich (1998). El inicio es prometedor, con un
par de curiosos e inesperados giros de guión ya en la primera media hora y una
cierta paciencia para ir presentando a los personajes, para ir tejiendo los
primeros hilos de la historia. Hasta ahora nada nuevo. Es más adelante, hacia
la mitad de la película, cuando la sombra de uno de los males más comunes en este
tipo de películas planea sobre ésta y hablo ahora de la tendencia a precipitarse hacia
un final vulgar y apresurado, cuando la mano del director Gareth Edwards
demuestra cierto pulso, cierta personalidad manteniendo la historia a un nivel
más que aceptable hasta su relativamente poco predecible final. Cierto que los
espectaculares efectos especiales ayudan bastante pero, al contrario de lo que sucede a
menudo, en esta ocasión están al servicio de la historia y no al revés. Incluso
su notable reparto, por cierto, mucho menos coral de lo que suelen marcar las
convenciones del género catastrofista, parece estar igualmente al servicio de
la historia de Dave Callaham y, salvo el testosterónico Aaron Johnson, el resto
de actores desfilan por la película cumpliendo perfectamente con su papel manteniéndose al mismo tiempo lejos de los focos. En definitiva, un notable y honesto entretenimiento que
cumple con todo lo que promete y que no pretende ser mucho más de lo que es (y ya es),
por mucho que algunos hayan querido ver un sofisticado y críptico mensaje
ecologista tras tanto monstruo y destrucción.

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