lunes, 9 de junio de 2014

LAS 200 DE CINEMANÍA: 95 – ÉRASE UNA VEZ EN AMÉRICA (1984). Sergio Leone

Minuto 25 de metraje: Larry Rapp, en el papel de un envejecido “Fat” Moe Gelly, atiende despreocupadamente su viejo bar judío. Sirve una cerveza a un joven mientras de fondo suena el teléfono. Con indolencia lo coge pero algo, probablemente la voz al otro lado del teléfono, quizás un nombre, lo saca de su ensimismamiento. El Gordo Moe parece necesitar el apoyo de una silla para no caerse. De fondo suena la grandiosa e inmortal banda sonora de Ennio Morricone. Una vez restablecido y sin colgar, se incorpora, se dirige al joven al que le acaba de poner la cerveza y parece excusarse con él, le devuelve el dinero y le insta a que se vaya. Cuando el joven, resignado, sale, “Fat” Moe cuelga el cartel de cerrado y vuelve al teléfono aunque esto lo vemos de pasada ya que la cámara acompaña al joven… hasta que se cruza en su recorrido una cabina telefónica. La cámara se detiene entonces ahí. Dentro está Robert De Niro, también envejecido, y entendemos que él es la voz al otro lado del teléfono. La intensidad de la música ha subido varios tonos y la emoción es abrumadora. Son apenas dos minutos en los que, en realidad, la música es lo único que suena. El resto esta sugerido, insinuado. Es tan precioso que duele. Es una lección magistral de cine condensada en poco más de 100 segundos. Es puro arte.

Un plano que justifica una carrera cinematográfica
Aunque a priori pueda ser considerada una película sobre la mafia, con Érase una vez en América sucede algo parecido a lo que comentaba, en su momento, con El cazador: no es sólo una película más sobre los glamurosos gánsters de los años de la Ley Seca. No. Es mucho más que eso. Es, por encima de todo y como la obra de Cimino, una película sobre la Amistad y sobre el erosivo paso del tiempo. Sobre como la Vida, a veces, pone todo su empeño en joderlo todo. Sobre lo complicado que resulta mantener los lazos fraternales por encima de los intereses egoístas, incluso por encima del amor. Es una película monumental. Bella. Estremecedora.

Contada en dos líneas temporales simultáneas, es en realidad una única historia que viaja desde los primeros momentos de la banda liderada por De Niro y James Woods, cuando son solamente unos pilluelos más buscándose la vida en las calles de la Nueva York de principios de siglo, hasta el presente, cuando ya consolidados como gerifaltes de la Mafia, deben enfrentarse a las consecuencias de sus actos. Si bien conserva alguna de las señas de identidad del cine de Leone (el excesivo metraje, casi 4 horas, es su único pero), es, con mucho, su mejor película. Tiene al menos media docena de escenas de una belleza abrumadora, una fotografía extraordinaria, el nivel interpretativo es superlativo… y luego está la banda sonora. Para algunos la mejor jamás compuesta para cine. Puede que sea exagerado. Pero puede que no tanto. A mí, el conjunto, me eriza la piel y me hace estremecer.




EL LLANERO SOLITARIO (2013). Gore Verbinski

Pasarela Cibeles 2014... ¿o no?
Extremadamente entretenida. Si el cine ha de ser una vía de escape para las angustias de la realidad, El llanero solitario puede ser de las mejores películas de 2013. Cierto que le falta profundidad a los personajes, cierto que algunas situaciones resultan inverosímiles, cierto que no hay ningún sesudo y críptico mensaje detrás. Pero si uno se olvida de todo eso y se deja atrapar por la magia de los fuegos artificiales y el estruendo, poco le importará que no haya más que eso detrás. No obstante, el director es Gore Verbinski, aquel que devolvió a los piratas a la primera línea de fuego con Piratas del Caribe. Por eso no es de extrañar que esta revisión de la leyenda de El llanero solitario comparta con aquella un planteamiento vital muy similar, esto es, olvidemos todo lo que no sea adrenalina, todo lo que no sea acción y aventura (nunca sé cómo distinguir a la una de la otra, al menos como géneros cinematográficos). Y para ello repite con el simpar Johnny Depp, que vuelve a regalar un personaje único, singular, en la línea del propio Jack Sparrow o de alguno de sus más celebrados "monstruitos", como Eduardo Manostijeras. Sin ser tan carismático como aquellos, si logra dotarle de esas singulares señas de identidad que sólo Johnny Depp sabe dar a sus personajes. Arnie Hammer cumple como el supuesto protagonista (¿alguien dudaba de que, en realidad, es el propio Depp y su Tonto, el verdadero hilo argumental y el auténtico "valor añadido" de esta historia?) y la grandiosidad de los paisajes hacen el resto. Así las cosas, lo que queda es un producto de lo más aseado que permite pasar, probablemente, las 2 horas y media más entretenidas del 2013 cinematográfico.




JUERGA HASTA EL FIN (2013). Evan Goldberg & Seth Rogen

O me decís donde está Harry o empiezo a cortar penes con esta pala
Una gamberrada de lo más marciana. O una marcianada de lo más gamberra. Tanto monta, monta tanto. Y es que viendo los primeros 30 minutos de la película cuesta muy poco imaginar cómo se les debió de ocurrir la idea de hacer esta peli a los amigos Goldberg y Rogen. Cuesta muy poco imaginarse que debían de estar algo más que fumados y cuesta muy poco imaginarse que alguien pronunció las palabras mágicas, bien sea, “a qué no hay huevos…” o “te imaginas que…” y que a partir de ahí empezó todo. Alguien debió de sugerir entonces que un demonio de tres metros con una polla de 50 centímetros podía violar a alguno de los protagonistas. O que Emma Watson convertida en una especie de Sarah Connor en The walking dead podía molar mucho. O que ver a Channing Tatum convertido en una especie de perrillo faldero sadomaso y caníbal podía tener su coña. Y así todo. ¿El hilo conductor? El Apocalipsis. Para que andarse con medias tintas. ¿El resultado? Pues eso, una peli tan gamberra como insustancial en lo que, eso sí, tiene bastante coña ver a una docena de actores interpretándose a sí mismos. Aún mejor: a una versión caricaturesca de la imagen que el gran público, entiendo que el norteamericano, tiene de ellos. Como ejercicio de autocrítica y terapéutico, es excepcional, desde luego (¿alguien se imagina lo que podría molar ver una peli en la que Bardem, Pé, Pataky, Mollá, etc... se ríen de sí mismos y de su imagen pública? ¿Y alguien se imagina lo imposible qué resulta eso?) pero como ejercicio cinematográfico es algo pobre. Y sin embargo tengo la intuición de que no les importa lo más mínimo porque han hecho esta peli más para ellos mismos que para el público. Por eso parece que nadie se lo ha pasado mejor que ellos con todo este asunto.



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