Las 200 de Cinemanía: 89 – V DE VENDETTA (2006). James McTeigue
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| Dejad que los corruptos se acerquen a mí... |
Reconozco que, cuando supe de
la intención de los hermanos Wachowski
de llevar al cine el legendario, mítico, icónico, transgresor y todos
los demás obsequiosos adjetivos que se os ocurran; cómic de Allan Moore, una
especie de escalofrío me recorrió el cuerpo: aquello podía ser lo más grande
que le hubiese pasado al cine desde la invención del combo palomitas/Coca-Cola o una profanación de dimensiones bíblicas.
El carácter absolutamente subversivo del cómic unido a que hablamos del mundo inmediatamente posterior al 11-S me hizo inclinarme por la segunda opción. Así que ni me molesté en ir al cine a verla. Cuando por fin una noche de hace ya unos cuantos años mi escepticismo y yo nos sentamos juntitos delante de la pequeña pantalla, dispuestos a encontrar argumentos para poner a los Wachowski en búsqueda y captura, el resultado final fue un buen puñetazo a mi orgullo. Primero porque el presumible descalabro no había tenido lugar. Segundo, porque la alternativa que había barajado, una obra ante la que se abriesen los mares cinematográficos y ya de paso las conciencias de media Humanidad, tampoco era lo que había contemplado. Entonces ¿en qué quedó todo?
Siete años y tres visionados más tarde, puedo decir que V de vendetta, la película, es una digna adaptación de un cómic que, no conviene olvidarlo, está considerado una de las mejores narraciones de la literatura inglesa del siglo XX. El principal argumento a su favor, de la película me refiero, es que no traiciona el espíritu agitador de la historia de Moore. Es cierto que tampoco lo captura del todo y que se toma ciertas licencias, sobre todo hacia el final de la película, pero nunca lo pierde de vista y pone sobre la mesa una cuestión tan espinosa como la de a partir de que punto de opresión la violencia es un arma legítima que los pueblos pueden usar para liberarse. Sin embargo, por encima de algunos puntos de interés se pasa muy superficialmente (otras subtramas directamente las omite) y ahí es donde uno llega a la conclusión, como sucedería unos años después con otro de los totémicos cómics de Moore, Watchmen en este caso, que quizá el formato de miniserie televisiva, a ser posible producido por la HBO, hubiese sido el más acertado. Porque las casi dos horas y cuarto de metraje saben a poco, dejan una sensación de hambre que el eficaz trabajo de James McTeigue no sabe solventar. Y eso que la película, técnicamente, está perfectamente facturada. Pero, cuando estamos hablando de volar por los aires el Parlamento, unos ruidosos fuegos de artificio acaban sabiendo a poco.
El carácter absolutamente subversivo del cómic unido a que hablamos del mundo inmediatamente posterior al 11-S me hizo inclinarme por la segunda opción. Así que ni me molesté en ir al cine a verla. Cuando por fin una noche de hace ya unos cuantos años mi escepticismo y yo nos sentamos juntitos delante de la pequeña pantalla, dispuestos a encontrar argumentos para poner a los Wachowski en búsqueda y captura, el resultado final fue un buen puñetazo a mi orgullo. Primero porque el presumible descalabro no había tenido lugar. Segundo, porque la alternativa que había barajado, una obra ante la que se abriesen los mares cinematográficos y ya de paso las conciencias de media Humanidad, tampoco era lo que había contemplado. Entonces ¿en qué quedó todo?
Siete años y tres visionados más tarde, puedo decir que V de vendetta, la película, es una digna adaptación de un cómic que, no conviene olvidarlo, está considerado una de las mejores narraciones de la literatura inglesa del siglo XX. El principal argumento a su favor, de la película me refiero, es que no traiciona el espíritu agitador de la historia de Moore. Es cierto que tampoco lo captura del todo y que se toma ciertas licencias, sobre todo hacia el final de la película, pero nunca lo pierde de vista y pone sobre la mesa una cuestión tan espinosa como la de a partir de que punto de opresión la violencia es un arma legítima que los pueblos pueden usar para liberarse. Sin embargo, por encima de algunos puntos de interés se pasa muy superficialmente (otras subtramas directamente las omite) y ahí es donde uno llega a la conclusión, como sucedería unos años después con otro de los totémicos cómics de Moore, Watchmen en este caso, que quizá el formato de miniserie televisiva, a ser posible producido por la HBO, hubiese sido el más acertado. Porque las casi dos horas y cuarto de metraje saben a poco, dejan una sensación de hambre que el eficaz trabajo de James McTeigue no sabe solventar. Y eso que la película, técnicamente, está perfectamente facturada. Pero, cuando estamos hablando de volar por los aires el Parlamento, unos ruidosos fuegos de artificio acaban sabiendo a poco.

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