JOE (2013). David Gordon Green
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| -Que sí, que te juro que aún puedo ser buen actor -Mientes, gordo |
Dentro del muy genérico y
difuso género del Drama (me da la sensación que Drama ha acabado siendo el
paraguas bajo el que se mete todo lo que no es cualquier otra cosa), hay un
gusto, no sé si llamarlo subgénero o simplemente premisa recurrente, que
consiste en retratar a unos protagonistas enfrentados a un destino terrible,
normalmente marcado éste por algún tipo de suceso traumático o por el simple
hecho de haber nacido en el escalón más bajo de cualquier jerarquía social. En Joe tenemos un poco de todo esto. O eso creo.
Porque si bien el conflicto al que se enfrenta Gary, magníficamente
interpretado por Tye Sheridan (ojito al chico, que ya en Mud hizo virguerías junto a Matthew McCounaghey, en el papel de Ellis y aquí lo vuelve a bordar.
No me extraña que en 2014 vaya a estrenar más películas él solo que algunos países enteros)
tiene los límites perfectamente dibujados (padre alcohólico, madre
ausente-presente, hermana trastornada…), los del Joe que da título a la
película y que interpreta un Nicholas Cage de lo más contenido, recordando, por
fin, al primer y prometedor Nicholas Cage, son mucho más ambiguos.
¿Por qué es
Joe cómo es? ¿Qué hizo en el pasado que ahora parece haberse convertido en una
jaula de la que le resulta imposible escapar? Cuando para encontrar respuestas
a estas preguntas tienes que leer la reseña de la película, es bastante
legítimo dudar de la honestidad narrativa de la historia. Por otro lado, ese
gusto por el feísmo, por el drama por el drama sin más del que hablaba al principio y que, curiosamente, tanto suele excitar
a algunos críticos y a cierto público, a mí me saca de la película. Entiendo
que este Joe y este Gary estén viviendo, como muchos otros, en los límites de la civilización, en los
márgenes de la sociedad pero cuando detrás de esta exhibición casi obscena de marginalidad y desamparo lo que detecto es cierta autocomplacencia de burguesito acomodado, qué
queréis que os diga, pierdo todo el interés y hasta cualquier atisbo de empatía que pudiese sentir por los personajes. En este caso, fue esa sensación de estar contemplando un ejercicio de regodeo en el lado más feo e incómodo de este mundo lo que al final me
sacó por completo de la historia. Porque puedo tragarme el mayor de los dramas si al
final voy a tener la sensación de haber aprendido algo, ya sea sobre el mundo
que me rodea o sobre mí mismo, pero si todo lo que voy a sacar es dos horas de
angustia vacía entonces prefiero echar la noche con un par de capítulos de Big-bang theory o unos partidos de Pro Evolution. Por ejemplo.

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