martes, 8 de julio de 2014

Me voy a permitir una nota antes de pasar a comentar el libro y el cómic que tengo para esta semana. Desde que recuerdo, quizá por haber nacido en una familia de lectores compulsivos, siempre he escuchado afirmaciones de dudoso rigor según las cuales un libro es, per se, mejor que una película y por supuesto, que un cómic. De hecho, entre mucha gente existe el prejuicio, la idea equivocada, de que el cómic es algo así como una lectura menor, lo que leen los que no les gusta leer. Las dos lecturas que traigo esta semana ilustran a la perfección hasta que punto esa supuesta superioridad intelectual del libro sobre otras formas de narración no es más que una estupidez superlativa fruto de la incultura del que, curiosamente, quiere hacer alarde de la misma proclamando la supremacía de la novela. Nada más que eso quería decir...


EL SÍNDROME DE PINOCHO – David Zeman

El Presidente de los EEUU... ese títere
Un libro, mejor dicho, una historia, tan cinematográfica, que hasta sus defectos obedecen a los clásicos errores de este tipo de películas. Empecemos por el punto de partida: estamos en algún momento del futuro inmediatamente posterior al 11-S. No se especifica si es un par de meses, dos años... pero el miedo a un nuevo ataque terrorista es latente entre la población americana. Así las cosas, un crucero de estudiantes americanos sufre un ataque nuclear (sic) en mitad del océano. Lógicamente no queda vivo ni el apuntador. América tiembla. En este contexto surge, por un lado, una epidemia de origen desconocido y con tufo a ataque terrorista con armas biológicas que amenaza con acabar con medio EEUU y por otro, la figura del clásico multimillonario de extrema derecha con ínfulas napoleónicas. Hasta ahí bien. A partir de ahí... empiezan los problemas. No para la martirizada población yanqui. No. Para el lector, más bien. Y aquí es cuando pasamos a los defectos. Porque lo que se presenta, en sus primeras 100 páginas, quizá 150, como una entretenida y muy adictiva trama conspiranoica termina derivando en un disparate superlativo, donde todos los muy maquiavélicos e intrigantes juegos de poder entre actores aparentemente opuestos pasan a un segundo plano en pos de unos personajes secundarios que, por otra parte, resultan tremendamente planos y contradictorios, con unas motivaciones de lo más cambiantes, como encajados en la trama con calzador. Así nos encontramos con que la mayor y más compleja conspiración que ha vivido el mundo civilizado desde el asesinato de Julio César, queda en manos de una bloguera (sic), de una aspirante a primera dama con menos carácter que un soldado francés de la Línea Maginot (sic sic) y un agente federal del que nunca queda muy claro si manda mucho en la Agencia o sólo es el que barre (sic sic sic). Total, que la historia que tanto prometía se acaba despeñando de mala manera por los cauces ya no de lo convencional, ni siquiera de lo obvio, sino de lo ridículo (ni siquiera era la salida más fácil, si acaso la más hollywoodiense). Por eso su resolución es tan chapucera como inverosímil (señores secuestradores del mundo, un consejo: no se mandan grabaciones donde se escuche un aeropuerto cercano, ni siquiera una estación de trenes. ¿Es que no han visto los técnicos de sonido tan listísimos que tiene el FBI? Les van a pillar fijo. Y en menos de 24 horas). Lo dicho, un desperdicio de idea. Como será que ni siquiera han hecho la peli...



ADOLF – Osamu Tezuka

El Horror era esto
... y por enésima vez, me trago mis prejuicios y me levanto para aplaudir una Obra Maestra. En este caso el objeto de mis prejuicios eran unos tan aparentemente dispares como pueden serlo el manga y el papel de la población civil japonesa en la II Guerra Mundial. Cierto que las estupendas referencias que me habían llegado de este Adolf me hacían ser cauteloso sobre mis apriorismos así que intenté mantener la mente abierta cuando empecé a leerlo. Más de 1200 páginas después sólo puedo decir que es uno de los 5 o 6 mejores cómics que he leído jamás. Bueno, puede que de los 3... o de los 10. ¡Qué sé yo! Visualmente, estéticamente es mucho más amable de lo que esperaba encontrarme y, sin ser el hiperdetallado dibujo de cómics como La Cosa Nostra, si que tiene un dinamismo extraordinario, tanto que a veces tienes la certeza de que has visto moverse a esos personajes como si de una cinta de dibujos animados se tratase. Pero es en la narrativa, en la construcción de la historia, en como se entremezclan todos, en como avanza la narración, en la capacidad de generar empatía o antipatía a partir de las acciones que cada personaje lleva a cabo, en el peso que cada uno de ellos tiene, en como los acontecimientos históricos se mezclan con la narración ficticia hasta desembocar en ese épico, grandioso y demoledor final... en todos estos aspectos, decía, es donde Adolf se eleva por encima de casi todo y se convierte en la absoluta maravilla qué es. Una de las lecturas, y no hablo sólo de cómics, más rica, más perfecta y más conmovedora que he tenido entre mis manos en bastante tiempo. En definitiva, que no sé para que me enrollo tanto, si ya lo he dicho al principio: UNA OBRA MAESTRA.

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