ELYSIUM (2013). Neill Blomkamp
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| Espera, que creo que se han dejado un pelo |
Si a Neill Blomkamp, en vez de Columbia Pictures, le hubiese
contratado cualquier partidillo europeo de izquierdas y le hubiese pedido que
hiciese un vídeo en defensa de la Sanidad Pública y, ya que se ponía, que
fuese, además, una crítica feroz sobre el desmantelamiento del Estado de Bienestar y sobre el desolador
futuro que nos aguarda si seguimos empeñados en vivir con la venda en los ojos,
si le hubiesen encargado esto, decía, no creo que hubiese quedado nada muy
distinto de este Elysium. Y es que al
amigo Blomkamp ha entregado un film tan sumamente explícito que la metáfora
acaba resultando prácticamente inexistente de tan obvia que se presenta.
Ambientada en una distópica Los Angeles, que tiene mucho de los estercoleros de District 9, la primera película de
Blomkamp y del mundo post-apocalíptico de Wall·e (de hecho, el Elysium, ese satélite artificial donde viven felices las élites
económicas, ajenas a la desesperación y la pobreza en la que está sumida la
Tierra, tiene mucho también de ese satélite-nave-Tierra2.0 en el que vive lo
que queda de la Humanidad en la estupendísima peli de la Pixar); Elysium, la película, es, como decía al
principio, una muy entretenida denuncia de las consecuencias de la ceguera
colectiva, del conformismo y la falta de rebeldía en la que estamos sumidos
desde hace años. Es cierto que en algunos aspectos resulta un poco plana, que
el final se entrevé más o menos desde la media hora de película y que a las
escenas de acción les falta algo de chispa pero, como diría el inolvidable
Joker de El caballero oscuro, lo
importante es mandar un mensaje. Y el mensaje, no hay duda, está mandado. Es
cosa nuestra escucharlo.
RETORNADOS – Manuel Carballo
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| Esto de comprar la cadena del váter por metros es estupendo |
A veces te encuentras con películas que no sabes muy bien si
comentar como la película que realmente
es o la película que pudo ser. Éste
es el caso. Porque ¿qué película es realmente esta Retornados? Podría resumirse en que estamos ante un original
thriller que, además, mezcla con cierto criterio subgéneros, desde el universo zombie al thriller médico y, cómo no,
una buena historia de amor más allá de la ¿muerte? Su puesta en escena y su
factura es cuidada y destacaría un aspecto a menudo descuidado en el cine que
es el sonido. En esta hay una especie de ausencia de ruido, de sonido sordo,
que contribuye a crear ese clima pre-apocalíptico y claustrofóbico que se va
volviendo más y más insoportable. En su debe, ciertas trampas de guión que a
nada que rascas compruebas que no se sostienen por ninguna parte y una
previsibilidad en la trama que, tratándose de una película de suspense, le
lastra notablemente. Pero ¿y la película que pudo ser? Imposible no pensar que
se trata de una idea extraordinaria completamente desaprovechada. Porque
pensemos: ¿cómo sería un hipotético mundo en el que los zombies pudiesen ser curados/controlados
con medicación, pudiesen ser rehabilitados y vivir entre nosotros como iguales?
Las posibilidades de esta premisa son infinitas y la sensación que te queda es
que se han quedado con una visión muy pequeñita para todo lo que ofrecía la
premisa inicial. Pasa por encima del conflicto social de forma muy superficial
(esos "retornados" víctimas de la intolerancia eran una metáfora tan
perfecta de tantas cosas, de tantas intolerancias...), obvia el complot médico en
las más altas esferas del poder, esa donde los límites son tan difusos, e
incluso deja a medias todo el carácter pandémico de la enfermedad. En
definitiva una aceptable historia muy bien empaquetada... que por desgracias
acaba sabiendo a muy poco.

BLOOD TIES – Guillaume Canet
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| ¿De verdad no quieres ir a un Starbucks? |
Hay una fina, finísima barrera diría yo, que separa la
revisión de un género, esto es, hacer una peli (de género, obvio) siendo
extremadamente fiel a los códigos básicos del mismo; y limitarte a hacer una
burda recolección de todos ellos, poniéndolos juntos pero sin el menor amor por el resultado final. En Blood ties, un thriller policiaco
setentero del tipo "hermano policía
vs. hermano chorizo" (hay variables de esta historia, tipo padre vs
hijo, amigo de toda la vida vs amigo de toda la vida... para no repetirse en
exceso, vaya) lo que sucede es esto último. A Guillaume Canet, que ya había
retorcido los códigos del thriller en la muchísimo más interesante No se lo digas a nadie, aquí parece que
le da absolutamente igual el desarrollo de la película. Ha puesto todo lo que
se supone que tienes que poner en una obra de este estilo (personajes
atormentados, personajes en busca de redención, el cruel destino que siempre
opera en nuestra contra... hasta tiene una boda un poco descafeinada y un mucho
forzada, pero boda al fin y al cabo) pero sin reparar en lo (in)justificado del
asunto. Así sucede que la película acaba resultando previsible y, sobre todo,
muy, muy insulsa, sin alma. Hasta los actores del lujoso reparto, parecen a
ratos estar haciendo una parodia de sí mismos o al menos de sus personajes (los
accesos de ira de Clive Owen resultan entre cómicos y patéticos, igual que la
languidez supuestamente fatal de Marion Cotillard). A su favor queda una
excelente ambientación que, unida a una cuidadísima fotografía hace que la peli
no parezca ambientada en los 70, sino que parezca que fue rodada en los 70. Eso
y que en verano, en pleno mundial de fútbol, uno es muy poco exigente con lo
que ve. Porque la verdad es que ahora mismo lo que me pregunto es "¿y por qué la vi hasta el final?"
Pero claro, también me he tragado los partidos de nuestra infame selección.
Y nada puede ser peor que eso.

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