lunes, 2 de diciembre de 2013

Todo se acaba. Amas a unos y odias a otros, a menudo a los mismos. Pero se acaba. Ríes con ellos, lloras, sufres y disfrutas con todo lo que te rodea, con todos los que te rodean. Pero eso también se acaba. construyes el futuro mientras te refugias en el pasado, o mientras huyes de él. O ambas cosas. Te ilusionas, te entusiasmas, te decepcionas, fracasas y en cada caída, ideas una nueva forma de levantarte. A veces eres inmortal, a veces insignificante. Pero al final, todo eso, también se acaba. Porque todo, todos, en todas partes, tenemos un final.

Es (casi) imposible hablar de la vida sin hablar de la muerte. Pero nunca imaginé que se pudiera hablar tanto de la vida haciéndolo sobre la muerte. Y eso hace A dos metros bajo tierra, una serie que, aparentemente, habla sobre la muerte, aunque sobre lo que en realidad lo hace es sobre la vida. Sobre TODO lo que es Vida. Sobre la indescriptible y abrumadora conciencia de estar vivo. A dos metros bajo tierra te golpea, te arrastra, te conmueve, te empuja a devorar cada minuto que estás en este mundo, y lo hace implicando a la Muerte en el proceso, pero no desde el temor a ella sino desde la consciencia de que existe, de que es real y puede aparecer en cualquier momento y que, por eso mismo, no podemos perder tiempo. Porque la Vida, mayúscula, no se puede entender sin la Muerte.

Cuando se despeja la niebla...
Durante cinco maravillosas temporadas, A dos metros bajo tierra va desgranando con una precisión perturbadora todo aquello que no es que forme parte de nuestras vidas, es que es la Vida misma. Todo aquello que nos convierte en lo que somos, en individuos únicos, singulares. pero también mortales y efímeros. A dos metros bajo tierra es una experiencia única, un reencuentro con la esencia misma no sólo de lo que puede llegar a ser el Arte, una forma de expresión que conmueve hasta transformar nuestras existencias; también es un reencuentro con el ser humano, con su capacidad de crear belleza y con su capacidad de generar emociones únicas.


… pero todo se acaba. y A dos metros bajo tierra también. y lo hace con una catarsis emocional incomparable. A dos metros bajo tierra no se va apagando hasta extinguirse, como la luz de una vela. no. A dos metros bajo tierra se acaba con los cinco minutos más perfectos que he podido contemplar en una pantalla. Cinco minutos de pura poesía visual que condensan no sólo el sentido último de la serie, también el de nuestras vidas. Cinco minutos irrepetibles en los que nada sobra y nada falta, en los que cada segundo es una experiencia única que a su vez nos conduce al siguiente y finalmente, cuando ves la luz blanca, lloras y ríes y te conmueves y deseas amar a los tuyos hasta el final de todo porque comprendes en toda su grandeza la inmensa experiencia que es estar VIVO.

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