Todo se acaba. Amas a unos y odias a
otros, a menudo a los mismos. Pero se acaba. Ríes con ellos, lloras, sufres y
disfrutas con todo lo que te rodea, con todos los que te rodean. Pero eso
también se acaba. construyes el futuro mientras te refugias en el pasado, o
mientras huyes de él. O ambas cosas. Te ilusionas, te entusiasmas, te
decepcionas, fracasas y en cada caída, ideas una nueva forma de levantarte. A
veces eres inmortal, a veces insignificante. Pero al final, todo eso, también
se acaba. Porque todo, todos, en todas partes, tenemos un final.
Es (casi) imposible hablar de la vida sin
hablar de la muerte. Pero nunca imaginé que se pudiera hablar tanto de la vida
haciéndolo sobre la muerte. Y eso hace A dos metros bajo tierra, una
serie que, aparentemente, habla sobre la muerte, aunque sobre lo que en
realidad lo hace es sobre la vida. Sobre TODO lo que es Vida. Sobre la
indescriptible y abrumadora conciencia de estar vivo. A dos metros bajo
tierra te golpea, te arrastra, te conmueve, te empuja a devorar cada
minuto que estás en este mundo, y lo hace implicando a la Muerte en el proceso,
pero no desde el temor a ella sino desde la consciencia de que existe, de que
es real y puede aparecer en cualquier momento y que, por eso mismo, no podemos
perder tiempo. Porque la Vida, mayúscula, no se puede entender sin la Muerte.
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| Cuando se despeja la niebla... |
Durante cinco maravillosas temporadas, A
dos metros bajo tierra va desgranando con una precisión perturbadora
todo aquello que no es que forme parte de nuestras vidas, es que es la Vida
misma. Todo aquello que nos convierte en lo que somos, en individuos únicos,
singulares. pero también mortales y efímeros. A dos metros bajo tierra es
una experiencia única, un reencuentro con la esencia misma no sólo de lo que
puede llegar a ser el Arte, una forma de expresión que conmueve hasta
transformar nuestras existencias; también es un reencuentro con el ser humano,
con su capacidad de crear belleza y con su capacidad de generar emociones
únicas.
… pero todo se acaba. y A dos
metros bajo tierra también. y lo hace con una catarsis emocional
incomparable. A dos metros bajo tierra no se va apagando hasta
extinguirse, como la luz de una vela. no. A dos metros bajo tierra se
acaba con los cinco minutos más perfectos que he podido contemplar en una
pantalla. Cinco minutos de pura poesía visual que condensan no sólo el sentido
último de la serie, también el de nuestras vidas. Cinco minutos irrepetibles en
los que nada sobra y nada falta, en los que cada segundo es una experiencia
única que a su vez nos conduce al siguiente y finalmente, cuando ves la luz
blanca, lloras y ríes y te conmueves y deseas amar a los tuyos hasta el final
de todo porque comprendes en toda su grandeza la inmensa experiencia que es
estar VIVO.

Me encanta! Totalmente de acuerdo.
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