lunes, 6 de abril de 2015

La propuesta del día: 

EL VIENTO SE LEVANTA (2013). Hayao Miyazaki


Barridos a un lado todos mis estúpidos prejuicios sobre Miyazaki, por japonés y por objeto de dudoso culto, tocaba sentarse a ver El viento se levanta, la que, dicen, es su última obra, pues parece ser que el director japonés anunció su retiro después de esta película.

Con la única referencia de El viaje de Chihiro (ya digo que es éste, el de Miyazaki, un descubrimiento reciente) poco margen me queda para el análisis formal. Sencillamente no encuentro diferencia técnica alguna en dos películas separadas por 12 años y 9 films. La animación es tan lograda y al mismo tiempo tan sencilla como en la película que le valió el Oscar.

¡Esperen, que no encontraba la puerta de embarque!
Si encuentro un abismo entre ambas temáticamente pues mientras que El viaje de Chihiro era un alarde continuo de imaginación, ésta es un alarde de otro tipo. Más sujeta a las castrantes leyes de la realidad (sólo en los delirios oníricos del entrañable Jiro se permite Miyazaki dejar correr su capacidad de mutar la realidad a su antojo), sin embargo es toda una demostración de capacidad narrativa. Y es que El viento se levanta es muchas historias en una. Es la historia de un niño que persigue su sueño mucho más allá de la edad en la que uno suele dejar de perseguir quimeras. Es una conmovedora historia de amor que sirve de hilo conductor no sólo de la película, también de la vida del propio Jiro. Y es el retrato de un país, de una sociedad enferma que se convirtió en una de las más sanguinarios y despiadadas máquinas de matar de la II Guerra Mundial a costa de instrumentalizar a su propio pueblo.

Con todos estos frentes abiertos, la historia de Jiro fluye sin desatender ninguno de ellos hasta completar un estupendo biopic que conmueve, emociona y seduce por igual. La historia de una vida convertida en un sueño. Mejor dicho, de un sueño convertido en una vida.

Gracias, Hayao, te has ganado la jubilación.


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Otros propuestas: 


DAÑO COLATERAL (2002). Andrew Davis 

-¿Por favor, el final de mi carrera como actor?
-Mira, es por ahí, por donde va Jorge Sanz
A veces, no muchas por suerte, lo más interesante que se puede decir sobre una peli tiene poco que ver con el cine. Es el caso de este engendro (según la RAE: Plan, designio u obra intelectual mal concebidos) pergeñado a mayor gloria del Gobernador más fuertote de los USA. Y es que esta historia de un jefe de bomberos que decide tomarse la justicia por su mano después de que su mujer y su hijo mueran en un atentado nació muerta en el momento en que Mohamed Atta y sus chicos decidieron estrellar unos aviones contra el World Trade Center. Si la película ya era de por sí un disparate sin pies ni cabezas, más aún de lo que suelen serlo estas películas, a la que no le salvaban ni siquiera unas trabajadas escenas de acción, un simplón mensaje subliminal o algún inesperado giro de guión; si la película no tenía nada parecido, el hecho de que su estreno estuviese previsto para cuatro semanas después del 11S la sentenció a muerte en taquilla. Probablemente una de las pocas cosas buenas que le pasó al pueblo americano aquellos días.


FROZEN (2013). Chris Buck & Jennifer Lee

Kristoff Oiarzabal en "Cómo conocí a vuestro padre"
Debo confesar que nunca he sido muy fan del cine que ha salido de la factoría Disney, de hecho creo que el último título suyo que de verdad disfruté fue Tod y Toby, allá por 1981. La mezcla de moralina reaccionaria con irritantes melodías cada cinco minutos, viniesen o no a cuento, hizo que me fuese alejando progresivamente de ellas. Y más aún desde la aparición de Pixar. Sin embargo, en vista de todos los prejuicios cinematográficos que se me están desmoronando últimamente y de las buenísimas referencias que me habían llegado de esta revisión del cuento de La princesa de las nieves (del que, por cierto, guardo el vaguísimo recuerdo de haber visto una adaptación en dibujos animados cuando era niño que me impresionó profundamente), decidí darle una oportunidad. El resultado fue, simplemente satisfactorio. Como ya he dejado claro en algún que otro post, apenas soy capaz de soportar los musicales así que la primera media hora, larga, de película, se me hizo algo insufrible, con una de esas terribles cancioncillas tan de Disney empalmando con la siguiente casi sin dar lugar a que la trama avance. Sin embargo había algo en la puesta en escena y sobre todo en la propuesta vital, que me invitaba a terminar de ver la película. Creo que fue esa deliberada actualización del rol femenino que, por lo visto, está tan de moda en el cine infantil unido a un sentido del humor un poco más fresco y lenguaraz de lo que solía marcar la norma de la casa. Fue una buena decisión porque ha medida que la trama avanza, las molestas cancioncillas van cediendo espacio a la historia, que, sin ser Hitchcock, conserva las suficientes dosis de suspense como para conducir la trama hasta un final algo previsible pero no por ello menos deseado. Mientras sea este el nivel que la Casa de Tío Walt ofrezca quizá no haya visto aún mi última película suya.



EL FRANCOTIRADOR (2014). Clint Eastwood

Pues me da que se me olvida algo...
Una de las grandes virtudes de la (pen)última propuesta de Eastwood es su capacidad para irritar profundamente a extremistas de uno y otro lado de la cuerda. Hasta donde sé, parece que El francotirador no le ha hecho ni maldita gracia a la derecha americana más reaccionaria ni a la progresía más trasnochada a uno y otro lado del Atlántico. Buena cosa es cuando consigues que se le hinche la vena del cuello a los radicales. Por otro lado, quien acude al cine esperando una clase de Historia o una soflama cargada de ideología no merece más que encontrarse con lo que se encontrarán si se pasan a ver esta película: eso mismo, "sólo" una película. Y como tal hay que decir que funciona a la perfección, probablemente porque a Eastwood lo último que le importa cuando hace sus películas es lo que piense este tipo de espectadores y como no busca agradar ni nada entre dos aguas, se permite hacer las cosas a su manera. Y la "manera Eastwood" ya ha quedado demostrado que es de las más logradas del cine actual. Así las cosas, de la historia basada en hechos reales del francotirador más letal de la historia de EEUU sólo podía salir lo que al final ha salido: una estupenda película bélica (atención a la escena de la batalla en mitad de la tormenta de arena, una de las escenas de guerra más angustiosas que recuerdo, la sensación de que una bala invisible te puede alcanzar en cualquier momento es brutal y puedes llegar a sentir el polvo en el paladar) carente de todo discurso ideologizante en la que el principal foco de interés reside en ver como el complejo de salvapatrias de su protagonista deviene en una obsesión enfermiza que acaba afectando a su familia ("¿Cuándo vas a volver?" le pregunta su mujer a un (per)turbado Bradley Cooper físicamente retornado pero con la cabeza aún a miles de kilómetros de ahí). Quizá, porque en realidad y como escuché no recuerdo ahora en qué película, de la guerra no se vuelve. Quizá sea sólo eso lo que Eastwood ha querido contarnos.

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